ANDANDO



	Mi hijo da pasos inseguros.
	Soy yo el que tiene su pequeña mano?
	No es papá quien me apoya para que aprenda a caminar? 
	No soy yo sosteniendo a mi padre ya caduco?
	O mi hijo ayuda a su abuelo?
	No me lleva mi nieto?
	Pues sí, él es mi bisabuelo y conduce del brazo a mi padre. 
	"Anda, no pares."
	De todos nosotros, quién lo dice?
	A quién?
	Qué confuso es esto. 
	Y qué sencillo, 
	Qué importa quién es el pequeño y quién el grande, 
	quién conduce a quién? 
	Lo que cuenta es que la parentela anda.

	Y convierte el tiempo en movimiento hacia adelante.



                BUZO LINGÜÍSTICO

      
	
	Mientras otros excavan carbón, muelen trigo, cosen ropa,    
	hacen casas, tú, generalmente de noche, tomas aliento 
	y te sumerges en el océano lingüístico.
	Allá, en el fondo, no sabes dónde, pero allá, hay una palabra
	exacta como ancla.
	Y tú desciendes lento a través de compactas capas de tiempo
                                                              [licuado.
	Pasas entre los ahogados fuegos fatuos de los recuerdos, 
	extrañas medusas metafóricas extienden hacia ti sus tentáculos, 
	pulpos adjetivos enmarañan tus pies, 
	comparaciones obsesivas te persiguen con sus voces fosforescentes 
	de sirena,
	de las grutas submarinas de la imaginación salen imágenes
                                                          [increíbles
	como peces de las aguas más profundas,
	corrientes imprevisibles de pensamientos te arrastran 
	hacia los arrecifes de las dudas
	y todo está al alcance de tus manos, allá, en el océano lingüístico:
	la luz del equinoccio tropical, tan fuerte que duelen los oídos, 
	aquella mujer que nunca encontrarás, 
	el olor estridente de una hoja de nogal, peces náufragos, 
	un silencio de helechos.
	Mas tú tomas sólo lo que te conduce a la palabra. 
	En esencia, no es una palabra, es una verdad bajo la forma 
	de una palabra exacta como ancla:
	fe, hambre, dolor, hoy, doy ejemplo, combate, canto, amor, 
	manana, doy ejemplo.
	A veces, te asalta la gran incertidumbre:
	arriba, bajo el sol implacable de la vida, estas maravillas 
	lingüísticas,
	no serán apenas algas marchitas?
	Y buscas febrimente las palabras simples y eternas: hombre, 
	tierra, pueblo, libertad.
	A tus pies yace im sinnúmero de poemas ahogados por el peso 
	de los versos vacíos.
	Y tú, casi desesperado, casi regocijante, das brazadas y patadas,
	hacia arriba, hacia los hombres,
	a quienes ofrecer tu puñado de frescor lingüístico, tu palabra.



			PERO TÚ, ESCRIBE
 

	El mar está lejos.
	Pero tú, escribe.
	Una locomotora pasa.
	Pero tú, escribe.
	Hay una incertidumbre azul.
	Pero tú, escribe.
	Una mujer mira un pan.
	Pero tú, escribe.
	Un viejo muere.
	Pero tú, escribe.
	Los enamorados se besan.
	Pero tú, escribe.
	Es lo que mejor sabes hacer.
	Escribe que el mar es un infinito búfalo verde rumiando
	mansamente y si mueve la cola las olas golpean las rocas.
	Escribe que la locomotora de farol encendido en la frente 
	es un unicornio rojo en la noche.
	Escribe que tres minutos después del ocaso el aire, el cielo 
	y la tierra pierden su corporalidad cotidiana
	y fluctúan en una incertidumbre azul en que aparecen 
	las muchachas más lindas.
	Escribe que el pan es oloroso y caliente y la mujer está
	con hambre y no tiene dinero.
	Escribe que el viejo muere de frío bajo un puente y su cadáver 
	será encontrado dentro de una semana.
	(Estos dos versos escríbelos sin metáfora y sin adorno.) 
	Escribe que en un beso cabe un pueblo provinciano, un año bisiesto,
	un pescador que no volvió, un libro necesario como un honesto 
	apretón de manos,
	tus anteojos miopes, la voz de ella con sabor de rocío y soledad, 
	y cabe tambíen, si es bueno, este poema.




			MONÓLOGO CON LOS BARRENDEROS
			    ACERCA DE LA POESÍA


	Sé que no van a leer este poema. Sé que no les importa.
	Como para algunos es más importante aquella cosa celestial,
	blanca y remota que los zapatos rotos de ustedes. 
	Pero el asunto es poesía.
	La poesía es una calle. Una calle amplia, infinita. Y todo está
	en ella:
	los altos silencios de los cocoteros, suspendidos entre el cielo
	y la tierra como enormes lágrimas verdes,
	el concreto recién fundido que en la tarde caliente huele a mieses, 
	la noche llegando con los pasos de muchacha descalza, el perfil 
	de una pestaña pesada de lluvia,
	un libro abierto como dos manos generosas y fuerte como un puño, 
	un sueño en forma de bicicleta, un canguro espantado, 
	el sudor nuestro de cada día con hálito de motores y pensamientos, 
	y sobre todo hombres, muchos hombres, principalmente hombres, 
	fundamentalmente hombres:
	el desamparado que ha cubierto su sueño con periódicos, 
	el aprendiz de albañil que come en su plato lo que ganó ayer,
	la vieja que teje plácidamente una media en el otoño, 
	Carmen, volviendo pensativa, del cansancio a casa, 
	el poeta con su tímida sílueta de letra i, 
	el preso que acaba de salir de la cárcel y aprende a vivir 
	como los niños aprenden a andar,
	el obrero de cuyas manos parten carriles, trenes y plusvalía, 
	ustedes, encendiendo su cigarro matutino y comenzando 
	la larga marcha diaria tras la escoba,
	es decir, el asunto es poesía. 
	Es decir, la poesía es una necesidad social, 
	como el barrer de las calles.
	Es un pertinaz recomienzo constante y la pluma no es más leve 
	que la escoba.
	El poeta limpia los corazones, como ustedes las calles:
	es un humilde empleado del Servicio de Limpieza Universal, 
	y por cierto, peor pagado que ustedes.




                       HERENCIA


	Mi padre decía que quiere morir 
	solo y sin las quejas de sus familiares, 
	igual a los animales que curó toda la vida.

	Por qué después de tantos años, si ton ni son me pregunto 
	cuál quiero que sen mi último instante?


	Oh, cómo todo lo que he oído o visto de mi padre 
	se ha depositado en mí y espera su turno.

	Y vivo para encontrar mis respuestas
	a las preguntas de mi padre.



				CABALLO

	Cuando andas con polainas blancas en la hierba 
	y la luz está ronca de quiquiriquís,
	cuando friegas el pómulo contra la rodilla y los caracoles pastan
	coles en la huerta vecina,
	cuando tu crin cae sobre los ojos y los patos están importantes 
	como dictadores,
	cuando magnánimo coleas contra el croar subterráneo de las ranas, 
	cuando haces rup-rup con los dientes en medio de esta calma 
	de álamos,
	cuando espantas las moscas con las orejas y se oye el burro 
	rebuznar con voz de hierbabuena,
	cuando relinchas triunfante y el sol platea tu grupa negra, 
	eres lindo.



           		PARA MI MADRE



	No te estoy cantando como a una santa,
	ni como a una heroína. 
	Simplemente quiero decir que eres partera:
	trabajadora anónima entre la oscuridad y la luz, 
	tus manos traen los hombres a la vida.

	Esto es todo.
	Y que les das la primera bofetada.
               


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